miércoles, 16 de enero de 2008

Una pequeña carta-Dany Rovas

Una pequeña carta
Dany Rovas
Una pequeña carta para un hombre lejos de aquí.
Y en ella una imagen con un viejo recuerdo
Los dos sonriendo a la cámara antes de que él se vaya a la guerra.
Cálida fue su mano cuando me abrazó
Ya no lloro, tampoco en mis noches de soledad.
Sólo el tiempo cura las heridas, aquellas que están afuera y las que no se ven.
Hay seguramente, en un lugar oculto
Una respuesta para todo
Entonces ¿por qué justo a mi se me terminó todo antes de empezar?
Una pequeña carta para un hombre lejos de aquí.
Y en ella, aromas de un campo abierto de
La planta de nuestros pies sobre la tierra
Antes de que el se fuera a la guerra.
Cálida fue su mano cuando me abrazó
Ya no lloro, veo todo como en cámara lenta.
Todos los suspiros, los momentos, aquellos que están afuera y los que no se ven.
Hay seguramente, en un lugar oculto
Una respuesta para todo
Entonces ¿por qué justo a mi se me terminó todo antes de empezar?.

Leorej ha iam-Ofra Jaza

LEOREJ HA IAM
Ofra Jaza
Decime como frenar las lágrimas
decime donde hay otro mundo para vivir
decime por qué no hay verdad sólo ilusiones
entonces por qué insistir y seguir llorando
A lo largo del mar
no hay olas, hay un mundo
que se rompió en pedazos
contra el muelle
Decime como frenar las lágrimas
decime donde hay otro mundo para vivir
así como los hombres corren hacia el …….como hacia el mar
Yo correría hacia el fuego si ellos regresaran de allí
Decime cómo vivís con la muerte
Cada noche escondés las lágrimas, decime hasta cuando
El fuego que me llama, no se encuentra allí
y aquel que desapareció, ¿regresará o es que ya murió?
Decime como frenar las lágrimas

Invierno del 73-Shmuel Hasfarí

Invierno del ´73 (1997)

Shmuel Hasfarí

Nosotros somos los chicos del invierno del ´73,
Nos soñaron con las primeras luces del alba, al final de las batallas.
Eran hombres cansados que agradecían su buena suerte
Eran mujeres jóvenes, preocupadas
Y por sobre todo querían amar.
Cuando nacimos, el país estaba herido y triste
Nos miraron, nos abrazaron, intentaron encontrar un consuelo.
Cuando nacimos nos bendijeron los ancianos diciendo:
“Ojalá estos chicos nunca tengan que ir a una guerra”.
Y sus rostros en aquella vieja foto reflejan que hablaban con todo el corazón
cuando prometían hacer todo por nosotros
Transformar al enemigo en amado.
Prometieron una paloma, un ramo de olivo
Prometieron paz en casa
Prometieron primavera y florecimiento
Prometieron cumplir las promesas.
Nosotros somos los niños del invierno del ´73
Crecimos, ahora estamos en el ejército con un arma y el casco en la cabeza
Nosotros también sabemos hacer el amor, reímos y sabemos llorar
Nosotros también somos hombres y mujeres
Nosotros también soñamos bebés.
Por eso no los vamos a presionar
Por eso no les vamos a exigir
Por eso no los vamos a acusar
Cuando éramos chicos nos decían “las promesas hay que cumplirlas”.
Si les falta fuerza, entonces les daremos
no ahorraremos esfuerzos,
sólo queríamos susurrar
“Nosotros somos los chicos de aquel invierno, del año ´73”.

martes, 15 de enero de 2008

¿Recuerdan aquellas canciones?-Guefen

¿Ustedes recuerdan aquellas canciones que cantábamos al cielo dorado?
¿Recuerdan aquellas noches bajo un techo de estrellas?. Con amigas y amigos solíamos cantar:
Duli, duli, duli, dul…
¿Recuerdan ese paseo con aquel guía, Saúl? ¿y cómo Aroncito, el matoncito, tocaba el acordeón y gritaba con su vozarrón “Ahora todos a cantar”?
Y en las noches más frías éramos simplemente felices. La colilla del primer cigarrillo, nos tomaba los pulmones y el corazón.
Torcíamos y preguntábamos y esperábamos las sorpresas.
El viernes sobre la reja con las manos en los bolsillos
Y el gordo Eliahu diciendo palabras terriblemente burdas.
Pero en la oscuridad no veían como nos sonrojamos y él también.
Nos paramos horas y observábamos a la pequeña Ariela y cómo el jugo de las sandías manchó el blanco de su blusa y nuestros corazones inocentes que bailaban frente a ella.
¿Ustedes recuerdan los campos, los narcisos de los sábados?
Todo pasó tan rápido y es difícil hacer recordar cómo una vez fue fácil, cantar, vivir y no morir.
¿Ustedes recuerdan aquellas canciones que cantábamos al cielo dorado?
¿Recuerdan aquellas noches bajo un techo de estrellas?
Con amigas y amigos solíamos cantar:
Duli, duli, dul…

Letra: Ionathan Guefen
Musica: Janan Iovel

No van a llegar al gran concierto de amor-Yair Lapid

No van a llegar al gran concierto del amor.
Aprendieron las letras y las melodías en cassettes gastados, que dieron mil vueltas en grabadores cansados. Pero cuando el conjunto suba al escenario, y se enciendan las luces, y las chicas de suaves cabellos estiren sus blancos cuellos, ellos no estarán allí.
Ellos no le dirán: “Te Amo”. Practicaron una y otra vez las palabras, protegidos por la noche, frente a espejos rotos en los baños del ejército, con olor a desinfectante. Eligieron camisa, rasparon un poco más el jean, pusieron la foto debajo de la almohada. Pero alguien después le dirá esas palabras. Ellos no estarán allí. Ellos no se casarán jamás. No harán el viaje largo por el desierto amarillo. Las sogas para los paseos, no volverán al baúl del auto. La fogata no será encendida. La guitarra de madera adornada con calcomanías no será desenfundada, y nadie se olvidará de la segunda estrofa. Y cuando haya inundaciones en el desierto, ellos no estarán allí.
No pondrán la tarjeta azul en el teléfono gris, y no avisarán que llegarán. Y tampoco que no.
No mentirán que todo está bien, que no les hace falta nada, que tienen plata, gracias mamá. El Shabat, por costumbre, les dejarán las llaves del auto. Pero ellos no estarán allí.
Ellos no terminarán el servicio militar. Por siempre vestirán sus rectangulares uniformes de piedra. Serán para siempre Cabo Primero Asaf, Cabo Primero Nir, Teniente Eial, Sargento Tzaji, Cabo Golán, Capitán Rahal, Sargento Avi. Su grupo llegará a la base general, devolverá el equipo de soldado, recibirá un diploma y un golpe suave en el hombro. Y ellos no estarán allí. No estudiarán. No en la facultad de la vida, no en la Ieshivá, no en la universidad.
“Cien años de soledad” quedará por siempre abierto en la página 120. Beitar Ierushalaim por siempre será campeón nacional. El nuevo disco de Poliker no saldrá hasta el final de las generaciones.
Tantas cosas que todavía tienen por saber, más que nada sobre ellos mismos, pero ellos no estarán allí. Cuando ellos mueren, nosotros siempre escribimos sobre quiénes fueron.
Pero el verdadero dolor, es por lo que ya no serán.

Por Yair Lapid, periodista israelí

Texto publicado en un diario en el momento en que Israel estaba en guerra en el sur del Líbano

Como vemos y como nos ven

En la primera entrevista con el dentista, mataba el tiempo leyendo su diploma, colgado en la pared.
De golpe me acorde de un muchachote que con los mismos nombre y apellido había cursado conmigo la secundaria hace alrededor de cincuenta y cinco años. Cuando lo vi descarté rapidamente ese recuerdo. Ese hombre de cabellos grises, lleno de arrugas, era además demasiado viejo para haber frecentado jamás la misma clase que yo... Una vez que terminó de revisar mi boca, pregunto si habia cursado en el Domingo Sarmiento. Si, me contestó. Entonces le pregunté en que año había terminado el bachillerato.
En 1947 me respondió. Por qué me lo pregunta?
Yo dije,... entonces, estuvimos juntos en la secundaria!!!...Me miro de arriba a abajo y preguntó.....
"Usted, que materia enseñaba???"

Carta de un suicida

Junto al cadáver de un suicida se encontró una carta explicatoria:

"No se culpe a nadie de mi muerte, me quito la vida porque dos días más que viviese sería mucho martirio.
Verán, tuve la desgracia de casarme con una viuda y esta tenía una hija. Mi padre era viudo. Se enamoró y se casó con la hija de mi mujer.
Mi mujer era suegra de su suegro, mi hijastra se convirtió en mi madrastra y mi padre al mismo tiempo era mi yerno.
al poco tiempo, mi madrastra trajo al mundo una niña que era mi hermana, pero era nieta de mi mujer de manera que yo era abuelo de mi hermana.
Depués mi mujer trajo al mundo un niño, que como era hermano de mi madrastra, era cuñado de mi padre, nieto de su hermana y mi tío.
Mi mujer es nuera de su hija, y yo soy padre de mi madrastra, y mi padre y su mujer son mis hijos, mi hijo es mi bisnieto y tío de su tía, además, yo soy mi propio abuelo.
¡Me despido del mundo porque no sé quién carajo soy!"

Anónimo

Los nadie-Galeano

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Noches de boda-Sabina

Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas.

Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo,
que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo.

Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni cómo, ni cuándo,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.

Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.
Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira,
que no te den la razón los espejos,
que te aproveche mirar lo que miras.

Que no se ocupe de tí el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.

Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina.

Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel,
que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel.

Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.

¿Qué pasaría...?-Benedetti

¿Qué pasaría si un día despertamos dándonos cuenta de que somos mayoría?
¿Qué pasaría si de pronto una injusticia, solo una, es repudiada por todos, todos que somos todos, no unos, no algunos, sino todos?
¿Qué pasaría si en vez de seguir divididos nos multiplicamos, nos sumamos y restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso?
¿Qué pasaría si nos organizáramos y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas, en silencio, en multitudes, en millones de miradas la cara de los opresores, sin vivas, sin aplausos, sin sonrisas, sin palmadas en los hombros, sin cánticos partidistas, sin cánticos?
¿Qué pasaría si yo pidiese por vos que estás tan lejos, y vos por mí que estoy tan lejos, y ambos por los otros que están muy lejos y los otros por nosotros aunque estemos lejos?
¿Qué pasaría si el grito de un continente fuese el grito de todos los continentes?
¿Qué pasaría si pusiésemos el cuerpo en vez de lamentarnos?
¿Qué pasaría si rompemos las fronteras y avanzamos y avanzamos y avanzamos y avanzamos?¿Qué pasaría si quemamos todas las banderas para tener solo una, la nuestra, la de todos, o mejor ninguna porque no la necesitamos?
¿Qué pasaría si de pronto dejamos de ser patriotas para ser humanos?
No sé... me pregunto yo, ¿qué pasaría?

Mario Benedetti

El idiota de la aldea

Se cuenta que en un pueblo un grupo de personas se divertían con "el idiota de la aldea". Un pobre infeliz, de poca inteligencia, que vivía de pequeñas changuitas y limosnas. Diariamente ellos llamaban al idiota al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una grande de 400 reales y otra pequeña de 2000 reales. El siempre escogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Cierto día, observando al grupo que se divertía con él; le llamé aparte y le pregunté si todavia no había percibido que la moneda más grande valía menos. Lo sé, respondió, no soy tan bobo; ella vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Dijo...

Dijo "Me voy a navegar" y aplastó el trasero en una silla, y hundió la nariz en un monitor.
Dijo "Voy a broncearme" y se recostó en un féretro, encendido por dentro con tubos violáceos.
Dijo "Me encanta el aire puro" y encargó otra botella de oxígeno.
Dijo "¿Damos un paseo?" y aferró feliz el control remoto.
Dijo "Me voy a dormir" y buscó la caja de Prozac.
Dijo "Me encanta esa naricita", y observaba el catálogo del cirujano plástico.
Dijo "No soy esclavo, soy libre" y miraba el ejército de muñequitos de colores que adornaban su diminuto escritorio de trabajo.
Dijo "Adoro el viento en la cara" y se acercó al acondicionador de aire.
Dijo "Hola, me alegro de verte!" y miraba una entrecortada imagen de tres por tres en una pantallita.
Dijo "Nada como el agua fresca y pura!" y corrió a abrirle al repartidor de bidones.
Dijo "Feliz Navidad" y mandó 50 tarjetas idénticas, apretando apenas una tecla.
Dijo "Soy un hombre nuevo" y renovó la tarjeta de crédito.
Dijo "Te quiero" y acariciaba el lateral cromado de un auto.
Dijo "Al fin solos" y controló que el celular estuviera encendido y con sus baterías a pleno.
Dijo "Al fin en libertad!" y estaba en sus 45 minutos para el almuerzo.
Dijo "Ahora empezaré a pensar en mí" y el espejo le devolvió la abatida imagen de un anciano. Dijo "Mañana sí, mañana empezaré, mañana terminaré, mañana iré, mañana llamaré, mañana me disculparé, mañana saldaré esa deuda onerosa, mañana renunciaré, mañana despegaré, mañana aterrizaré, mañana se lo diré finalmente, mañana se lo regalaré; si tanto lo quiere, mañana firmaré y que sea lo que Dios quiera. Mañana me abrazaré definitivamente a esa quimera, mañana terminaré de ser aquel que nunca fui y empezaré a ser el que siempre soñé; mañana sí, mañana, mañana...
Y no se despertó nunca.

Autor desconocido

Fábulas-Eduardo Galeano

Proverbios

Un viejo proverbio enseña que mejor que dar pescado es enseñar a pescar.
El obispo Pedro Casaldáliga, que no nació en América pero la conoce por dentro, dice que sí, que eso está muy bien, muy buena idea, pero ¿qué pasa si nos envenenan el río? ¿O si alguien compra el río, que era de todos, y nos prohíbe pescar? O sea: ¿qué pasa si pasa lo que está pasando?
La educación no alcanza.

Armada mía

Juan Antonio Medina estaba sentado en su casa, viendo televisión.
La publicidad no le había merecido nunca una opinión muy favorable, que digamos; pero escuchó un anuncio que se abría con una frase que no estaba nada mal:
–Mujer amada es mujer segura.
Las imágenes que seguían eran revólveres y pistolas de menudo tamaño, dagas de resorte, pulverizadores que dejaban al enemigo frito en el suelo y otros adminículos portátiles, de tamaño adecuado para la cartera de la dama en tiempos difíciles.
Entonces, Juan Antonio se dio cuenta de que había escuchado mal. El anuncio había dicho:
–Mujer armada es mujer segura.

La comunidad internacional

El pollo, el pato, el pavo, el faisán, la codorniz y la perdiz fueron convocados y viajaron hasta la cumbre.
El cocinero del rey les dio la bienvenida:
–Os he llamado –explicó– para que me digáis con qué salsa queréis ser comidos.
Una de las aves se atrevió a decir:
–Yo no quiero ser comida de ninguna manera.
Y el cocinero puso las cosas en su lugar:
–Eso está fuera de la cuestión.

El experto internacional

Escuché esta historia en diversos lugares, atribuida a diferentes personas, por lo que sospecho que cualquier parecido con la realidad ha de ser mera coincidencia.
He aquí la versión que recibí en la Dominicana.
Piaban los niños y los pollitos alrededor de doña María de las Mercedes, que cloqueando arrojaba granos de maíz a sus gallinas. En eso estaba ella, aquel día como todos los días, cuando un automóvil emergió, resplandeciente, desde una nube de polvo en el camino que venía de Santo Domingo.
Un señor de traje y corbata, maletín en mano, le preguntó:
–Si yo le digo, exactamente, cuántas gallinas tiene, ¿usted me da una?
Ella hizo una mueca.
Y acto seguido él encendió su computadora Pentium IV de l.5 GB, activó el GPS, se conectó por teléfono celular con el sistema de fotos satelitales y puso en funcionamiento el contador de pixels:
–Usted tiene ciento treinta y dos gallinas.
Y atrapó una y la apretó entre los brazos.
Entonces, doña María de las Mercedes Holmes le preguntó:–Si yo le digo en qué trabaja usted, ¿me devuelve la gallina?
El hizo una mueca.
Y ella dijo:
–Usted es un experto de una organización internacional.
Recuperó su gallina y explicó que era fácil, cualquiera se daba cuenta:
–Usted vino sin que nadie lo llamara, se metió en mi gallinero sin pedir permiso, me dijo algo que yo ya sabía y me cobró por eso.

Costumbres

Un candidato de las fuerzas de izquierda llegó al pueblo de San Ignacio, en Honduras, durante la campaña electoral de 1997.
El orador trepó a la escalera que hacía las veces de estrado y ante el escaso público proclamó que la izquierda no soborna al pueblo, no vende favores a cambio de votos:
–¡Nosotros no damos comida! ¡No damos empleos! ¡No damos dinero!
–¿Y qué mierda dan, entonces? –preguntó un borrachito, recién despertado de su siesta bajo un árbol de la plaza.

Tradiciones

La palabra y el acto no se habían encontrado nunca.
Cuando la palabra decía sí, el acto hacía no.
Cuando la palabra decía no, el acto hacía sí.
Cuando la palabra decía más o menos, el acto hacía menos o más.
Un día, la palabra y el acto se cruzaron en la calle.
Como no se conocían, no se reconocieron.
Como no se reconocieron, no se saludaron.

Rumbos

Andaba yo perdido en las calles de Cádiz, por obra y gracia de mi agudo sentido de la desorientación, cuando un buen hombre me salvó.
El me indicó cómo llegar al mercado viejo, y a cualquier otro destino en los caminos del mundo:
–Tú haz lo que la calle te diga.

La poesía es una arma cargada de futuro-Gabriel Celaya

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Gabriel Celaya

Éste cuento y algunos otros que voy a publicar son el regalo de cumpleaños de una amiga...

Palabras torpes... pero vamos mejorando...

La noche esta estrellada, y hoy no hay viento. El fuego es tibio, e ilumina apenas... ilumina solo lo que querés ver. Entonces estan ellos felices, ellos que saben de todo esto, ellos que desde afuera demuestran que supieron estar adentro. Estan ellos, y sus imágenes se ven hermosas, mezclan la felicidad con el saber que la felicidad a veces cambia. Sus jultzot hablan por ellos, y es entonces que el fuego deja ver el resto.
El resto somos nosotros, también bajo esa noche estrellada. Nosotros que nos miramos y no sabemos bien quienes somos. Nosotros que nos conocimos alguna vez, que hablamos y compartimos sin querer. Que quisimos, pero sin querer. Estamos nosotros y ahora sabemos que si, que el tiempo paso, y ni siquiera trato de avisarnos. Ahora lo sabemos, el último paso del camino es el comienzo de otro. Pero igual quiero mirar una vez más atrás antes de seguir...
La tnuá siempre fue dificil de explicar. Se pueden explicar las leyes físicas, se puede explicar razones del sionismo, se puede explicar el pensamiento... pero la tnuá no la sé explicar. Al principio fue un marco en el que todos hablaban, todos hacían, en la tnuá nadie esta quieto, todos opinan, todos dicen, todos hacen, todos quieren, todos aprenden, todos disfrutan. En la tnuá uno puede pensar... en la tnuá uno puede decir. Pero de repente, todo se hizo más grande.
Y la tnuá se fue transformando en amigos, en amores, en aventuras, en recuerdos, en descubrir, en conocer, en ayudar, en creer, en ser. Ser judío, ser amigo, ser hejalutz. Y es entonces cuando el fuego los ilumina a ustedes, los que fueron mi tnuá. Están los madrijim, están los que ayudan, están los que acompañan... pero ustedes son mi tnuá.
Y ahora que lo entendí, ahora que lo sé, es cuando la tnuá empieza a pertenecernos. Siempre la sentí mía, mía y de todos, pero ahora es cuando debemos ponernos al mando... y hacerla funcionar, para que todos puedan sentir y vivir lo que a nosotros nos tocó.
Habrá muchas noches más estrelladas, habrá muchas más llamas que iluminen nuestrs rostros. Pero no volveré ya a sentir por primera vez esa sensación de darme cuenta que los quiero mucho. Pero ya no lo olvidaré...