martes, 20 de enero de 2009

Opus Nigrum-Caparrós

Un americano negro que no es un negro americano enraizado en la tradición negra americana sino el hijo de un inmigrante keniata y una blanca americana, criado en Indonesia y en Hawaii. Un gran predicador del cambio que nunca dijo en qué consistía el gran cambio que predicaba y que, en cambio, predica medidas que no cambian nada grande. Un opositor a la guerra contra Irak que, cuando debe gobernar para acabarla, nombra como ministro de Defensa al mismo señor que lleva dos años dirigiéndola como ministro de Defensa de Bush. Un outsider crítico de los políticos de Washington que cuando llega a Washington se rodea de cantidad de políticos de Washington, empezando por la superinsider de Washington, la doctora Clinton. Un representante de las distintas minorías, de la tolerancia y la diversidad que invita a sermonear en su asunción a un reverendo perseguidor de homosexuales. Y así de seguido: el doctor Obama es un hombre que podríamos llamar complejo y matizado –o confuso y contradictorio, según cómo.El doctor Obama es un hombre inteligente, culto, contemporáneo, que parece haber conseguido el milagro de ciertos políticos excepcionales: ser todo para todos –y que cada cual pueda atribuirle las características que quiera. Pero ninguna le resultó más útil que su módica negritud, que unió a su habilidad para estar en el lugar preciso en el momento indicado: ahí, en carrera, justo cuando los Estados Unidos empezaron a odiarse a sí mismos demasiado.La elección del doctor Obama fue el gran acto de expiación colectiva de un país religioso: perdónanos señor nuestros pecados. Básicamente dos: uno pequeño, inmediato –la presidencia Bush– y otro enorme, incesante: la esclavitud. No había entendido la fuerza de la culpa americana hacia los negros hasta estos días: tienen por qué tenerla –tuvieron a los ancestros de todos estos negros como esclavos, los marginaron muchos años, todavía– pero nunca imaginé que fuera tanta.Como siempre, la culpa sobreactúa: si tu marido se aparece con dos docenas de rosas te imaginás que hizo alguna cagada. Así que, para mostrar que ya no son aquellos turros, millones de americanos eligieron como presidente a un –supuesto– representante de una minoría absoluta: los negros americanos no son más del 13 por ciento de la población total y no merecían, según la aritmética democrática, semejante espacio. El número no siempre importa, y menos en la democracia: lo que sí importa es que esa minoría funciona como el símbolo de los oprimidos, de la crueldad de los que mandan, de la injusticia permanente y, en estos días de expiación, los americanos eligieron a uno de ellos para decir que quieren ser distintos a lo que fueron en las últimas décadas. Como cuando la Argentina eligió a Kirchner para que las cosas no fueran como hasta 2001.Así que millones de americanos arrepentidos votaron por sí mismos: querían volver a ser lo que solían creer que eran. Lo cual estaba en duda: en los últimos años Estados Unidos se había vuelto un país que ya no podía creer en sus propios mitos fundacionales, un país gobernado por dinastías con clases cada vez más definidas y cerradas, un país que mentía y torturaba, un país cuestionado por sus antiguos aliados que iba perdiendo su lugar en el mundo. Habían caído demasiado y quisieron revivir sus viejos mitos: que en los Estados Unidos todo es posible, que cualquiera puede llegar a cualquier lado, que cada hombre es arquitecto de su destino. Obama les dio un boleto directo a su autoestima. En los últimos días he escuchado y leído infinitas variantes de una idea: si América es un país que puede elegir a un presidente negro, América todavía vale la pena.Así que lo votaron para que Estados Unidos vuelva a ser el que fue: ese país potente, emprendedor, cambiante y lleno de oportunidades que –en nombre de la libertad– conquistó el mundo.Quieren que sea el doctor Obama –negro, compasivo, desculpabilizador– quien les devuelva su brillo pasado, su confianza en sí mismos, su relumbre imperial. Y el doctor les ofreció algo así en el único párrafo sobre el mundo exterior de su largo discurso de victoria: “A todos los que hoy nos miran desde más allá de nuestras playas, desde parlamentos y palacios o a los que se reúnen alrededor de una radio en los rincones más olvidados del mundo, quiero decirles que nuestras historias son singulares pero nuestros destinos son compartidos, y un nuevo amanecer del liderazgo americano está llegando”. Un “nuevo amanecer del liderazgo americano”: la versión corregida y aumentada de lo que ya nos dieron Wilson, Roosevelt, Eisenhower, Kennedy, Nixon, Reagan, Clinton, Bush, de la superpotencia que dominó el mundo en uno de sus siglos más violentos, que influyó más que ninguna para que todo esto sea lo que es. Pero lo va a hacer con más cariño porque sabe lo que es ser negro y pobre. Como el obrero Lula, el socialista Tabaré, las variadas mujeres. Para cambios así, quién necesita a los conservadores.

Astiz exige "inmediata libertad"-Citica digital

El ex oficial de la Armada Alfredo Astiz pidió a la Cámara Nacional de Casación Penal que confirme el fallo por el cual ese tribunal ordenaba su excarcelación y la de otros represores de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).Un escrito presentado por su defensa, el abogado Juan Aberg Cobo hijo, contestó al recurso del fiscal ante Casación Raúl Plee que paralizó la excarcelación de Astiz y solicitó que se ordene la "inmediata libertad" de su cliente.Entre otros argumentos, la defensa esgrimió que Astiz lleva cinco años y medio en prisión preventiva, ahora en una cárcel de máxima seguridad -la federal de Marcos Paz-, dentro "de una celda individual de cemento de 4,5 metros por 2,5 metros, oscura, mal ventilada y particularmente sucia".
"Las paredes están manchadas de desechos y material genético humanos y aparecen insectos, alimañas y animales por las noches", argumenta el escrito que presentó el abogado del represor. (Télam)
El ex oficial de la Armada Alfredo Astiz pidió a la Cámara Nacional de Casación Penal que confirme el fallo por el cual ese tribunal ordenaba su excarcelación y la de otros represores de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).Un escrito presentado por su defensa, el abogado Juan Aberg Cobo hijo, contestó al recurso del fiscal ante Casación Raúl Plee que paralizó la excarcelación de Astiz y solicitó que se ordene la "inmediata libertad" de su cliente.Entre otros argumentos, la defensa esgrimió que Astiz lleva cinco años y medio en prisión preventiva, ahora en una cárcel de máxima seguridad -la federal de Marcos Paz-, dentro "de una celda individual de cemento de 4,5 metros por 2,5 metros, oscura, mal ventilada y particularmente sucia"."Las paredes manchadas de desechos y material genético humanos y aparecen insectos, alimañas y animales por las noches", se quejó y consideró que todo ello constituye una violación a sus derechos humanos.Aberg Cobo se preguntó por qué el fiscal Plee cambió de posición recordando que en 2005 se pronunció por la excarcelación de los ex represores navales Juan Carlos Rolón y Jorge Radice mientras en este caso, adujo, "inexplicablemente se opone sin argumentos suficientes".También recordó que para el fiscal federal de la causa, Eduardo Taiano, "la libertad de otros imputados en esta misma causa resultó ser procedente en el año 2005" considerando incluso que el representante del Ministerio Público aquella vez sostuvo que "la libertad de las personas es lo que el Estado debe garantizar".
"Las paredes están manchadas de desechos y material genético humanos y aparecen insectos, alimañas y animales por las noches", argumenta el escrito que presentó el abogado del represor. (Télam)
El ex oficial de la Armada Alfredo Astiz pidió a la Cámara Nacional de Casación Penal que confirme el fallo por el cual ese tribunal ordenaba su excarcelación y la de otros represores de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).Un escrito presentado por su defensa, el abogado Juan Aberg Cobo hijo, contestó al recurso del fiscal ante Casación Raúl Plee que paralizó la excarcelación de Astiz y solicitó que se ordene la "inmediata libertad" de su cliente.Entre otros argumentos, la defensa esgrimió que Astiz lleva cinco años y medio en prisión preventiva, ahora en una cárcel de máxima seguridad -la federal de Marcos Paz-, dentro "de una celda individual de cemento de 4,5 metros por 2,5 metros, oscura, mal ventilada y particularmente sucia"."Las paredes manchadas de desechos y material genético humanos y aparecen insectos, alimañas y animales por las noches", se quejó y consideró que todo ello constituye una violación a sus derechos humanos.Aberg Cobo se preguntó por qué el fiscal Plee cambió de posición recordando que en 2005 se pronunció por la excarcelación de los ex represores navales Juan Carlos Rolón y Jorge Radice mientras en este caso, adujo, "inexplicablemente se opone sin argumentos suficientes".También recordó que para el fiscal federal de la causa, Eduardo Taiano, "la libertad de otros imputados en esta misma causa resultó ser procedente en el año 2005" considerando incluso que el representante del Ministerio Público aquella vez sostuvo que "la libertad de las personas es lo que el Estado debe garantizar".


Que maricón fue lo primero que me salió, instintivamente. Y no me preocupa cambiar esa concepción..

viernes, 16 de enero de 2009

Lejanía

¿Dónde muere un niño hoy?
Tan lejos, tan lejos está que no puedo ayudarlo.
Tan cerca que escucho su grito mudo, su mirada entra en mí y me interroga.
Qué lejos las nubes, que lejos el sol,
Qué lejos sus sueños,
lejos no es distancia, soy yo

viernes, 26 de diciembre de 2008

Delirios..

Indeciso. Querer ir para allá. Pero allá no existe.
Dudar. Indeciso. Querer algo que no existe. Pero quererlo. Querer existe.
Extrañar… y alguna lágrima.
Realidad. Impotencia. Querer algo y estar indeciso.
Indeciso entre existir acá o existir allá. Donde yo no existo.

Fragmento de poema de los dones-Borges

Al errar por las lentas galerías
Suelo sentir con vago horror sagrado
Que soy el otro, el muerto, que habrá dado
Los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
De un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

A un poeta menor de la antología-Borges

¿Dónde está la memoria de los días
que fueron tuyos en la tierra, y tejieron
dicha y dolor y fueron para ti el universo?
El río numerable de los años
los ha perdido; eres una palabra en un índice.
Dieron a otros gloria interminable los dioses,
inscripciones y exergos y monumentos y puntuales historiadores;
de ti sólo sabemos, oscuro amigo,
que oíste al ruiseñor, una tarde.
Entre los asfódelos de la sombra, tu vana sombra
pensará que los dioses han sido avaros.
Pero los días son una red de triviales miserias,
¿y habrá suerte mejor que la ceniza
de que está hecho el olvido?
Sobre otros arrojaron los dioses
la inexorable luz de la gloria, que mira las entrañas y enumera las grietas,
de la gloria, que acaba por ajar la rosa que venera;
contigo fueron más piadosos, hermano.
En el éxtasis de un atardecer que no será una noche,
oyes la voz del ruiseñor de Teócrito.

Arte poética-Borges

Mirar el río hecho de tiempo y agua

Y recordar que el tiempo es otro río,

Saber que nos perdemos como el río

Y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño

Que sueña no soñar y que la muerte

Que teme nuestra carne es esa muerte

De cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo

De los días del hombre y de sus años,

Convertir el ultraje de los años

En una música, un rumor y un símbolo,

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso

Un triste oro, tal es la poesía

Que es inmortal y pobre.

La poesía

Vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara

Nos mira desde el fondo de un espejo;

El arte debe ser como ese espejo

Que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

Lloró de amor al divisar su Itaca

Verde y humilde. El arte es esa Itaca

De verde eternidad, no de prodigios.T

ambién es como el río interminable

Que pasa y queda y es cristal de un mismo

Heráclito inconstante, que es el mismo

Y es otro, como el río interminable.

Mas nabidad-Caparros

Antes que nada, quiero agradecer a todos los que se interesaron por mi salud –mental, física, espiritual– en estas fiestas: sobre todo, a los cientos que comentaron en criticadigital.com mi columnita sobre la Nabidad. Muchos estuvieron de acuerdo, la mejoraron con aportes; muchos más expresaron su desacuerdo con entusiasmo arrollador. Como Carlitos, por ejemplo, sintético, directo: “Todo el mundo, toda la humanidad, celebra este día, y vos resentido de mierda destilás veneno por todos los poros. Pelotudo, si no te importara realmente la religión católica no le darías la pelota que le das en todas tus notas de mierda”. Vaya a saber quién es Carlitos: cuando les parezca, mis valientes, escriban con nombre y apellido, háganse cargo. Pero su respuesta sintetiza ciertos temas. Para empezar, la ignorancia: decir que “todo el mundo, toda la humanidad” celebra este día es una clara muestra del funcionamiento de quienes creen que “todo” es el patio de su casa: ni la China, ni la India ni tantos otros se conmueven por esta fiesta cristiana. Para seguir, la contumelia: dos mierdas y un pelotudo en cuatro líneas, un toque de elegancia. Para terminar, el argumento básico: si no te importaran mis notas de mierda, dulce Carlitos, podrías perfectamente no leerlas. En cambio yo –y de eso se trata todo esto– no puedo elegir “no darle pelota” a la religión católica. Hasta hace poco nos obligaban a creer con la cruz y la espada y Torquemada; ya no pueden, pero siguen imponiendo ideas y conceptos en las vidas de los que no creemos. De eso hablábamos, eso hicimos ayer. Y es lo que no parecen ver los numerosos conciliadores que dijeron –como Trepa– que “Nadie te obliga, ni la Iglesia, ni los curas ni nadie. Es simple, si no creés en la Navidad, esta noche cená como un día normal, mañana andá a laburar como un día normal y listo”. No es simple, Trepa, todos: claro que te obligan. El 25 de diciembre no es una fecha abierta a la elección individual. La celebración de una fiesta cristiana la convierte en un feriado nacional obligatorio –así lo llaman: “feriado nacional obligatorio”– para todos los argentinos, porque la Constitución dice, en su artículo segundo –lo segundo más importante que tiene para decir–, que “el Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano” –y hace sólo 14 años que acepta que el presidente no sea uno de ellos, y en varias provincias los chicos reciben educación religiosa en las escuelas públicas, y en muchas decisiones del Estado pesa la ideología de la Iglesia: ¿durante cuántas décadas consiguió que el divorcio, que tantos practicaban, estuviera formalmente prohibido? ¿Durante cuántas seguirá consiguiendo que el aborto, que los ricos practican sin problemas, esté fuera del alcance de los pobres porque el Estado lo prohíbe? Alfredo –que también, como otros, me “creía más inteligente”– me dice que le molesta “esa costumbre de darle al cristianismo sin asco; dale a los curas que son delincuentes, pederastas o que también fueron torturadores, a eso yo suscribo de una, dale a las estructuras eclesiásticas de poder, no tengo drama... ¿pero las creencias, Martín? Son como tus creencias en no creer, merecen al menos ser respetadas...”. He escrito muchas veces contra las creencias en general: contra cualquier discurso que se acepte sin discusión, sin dudas. El problema con las creencias es que son creencias: la aceptación de unas nociones que se basan en una verdad revelada, incomprensible para el común de los mortales: “Dios es uno en esencia y trino en figura”, dice, por ejemplo, un catecismo católico. Entonces se hace necesario que haya intermediarios entre esa verdad y sus creyentes, personas que la expliquen y que, al explicarla, ejercen sobre los otros el poder de decirles qué está bien y qué mal, cómo deben vivir: los sacerdotes, los banqueros, los secretarios generales del partido. Frente a lo desconocido, ante el miedo al dolor o a la muerte o al sinsentido, las religiones te convencen de que no vas a poder y entonces tenés que aceptar –creer– lo que te cuentan sin más comprobación: la creencia es la forma de resignarse a que otros piensen por vos. Es el mecanismo de poder más eficiente y más sinuoso, porque los que lo sufren se someten contentos, satisfechos. No se ofendan, muchachos, cada cual cree lo que quiere. Pero no hay ninguna razón para no tratar de pensarlo y entenderlo. Muchos me reprochan que “no respete sus creencias”. ¿En qué consiste respetar? ¿En no decir a mí me parece que eso que creen es una colección de inventos primitivos? ¿En no decir llevan miles de años obligando –sí, obligando– a tantos a creerlos? ¿En no decir son la máquina de dominación más perfecta que se ha inventado? ¿En callar lo que todos sabemos? Eso no es respeto, es sumisión o miedo. Yo, muy respetuosamente, digo lo que pienso –y la Iglesia de Roma ya no tiene el poder, que tuvo tanto tiempo, de quemarme por eso. Respetar a los creyentes no es callar, sino todo lo contrario. O si no, respetar al gobierno nacional, ¿es no decir que pienso que los Kirchner se equivocaron en tal y tal cosa, que nos engañan en tal y tal otra, que nos perjudican en esta y aquella? ¿No debería callarlo, según ustedes, por respeto a sus millones de votantes, sus numerosos creyentes? Eso no se llama respeto sino condescendencia o colaboración.(Y muchos me reprochan que no diga las mismas cosas sobre otras religiones. Las diría, claro, pero aquí la religión del poder es el cristianismo; aquí el judaísmo o el islam no definen políticas de Estado ni imponen sus prácticas al resto. Ahí está toda la diferencia.) Y, además, en el comentario de Alfredo, otra cuestión: lo grave no son los errores y excesos. Lo decisivo de la dictadura militar argentina no fue que algunos de sus integrantes secuestraran, torturaran y mataran; fue que tenía un plan general que incluía secuestrar, torturar y matar con el fin de rearmar de cabo a rabo a la sociedad argentina. Lo decisivo de la Iglesia católica no es que tenga curas que toquetean chicos u obispos que hacen malos negocios o capellanes que apoyan a asesinos; es que lleva dos mil años funcionando como modelo y sostén de todos los poderes. Porque es una institución que ha apoyado siempre a los reyes y dictadores más sangrientos, que ha torturado matado exterminado para mantener su monopolio, que ha reprimido sistemáticamente los avances técnicos y científicos, que se ha puesto siempre del lado del poder más reaccionario. Una institución que sigue funcionando como una teocracia absolutista, y que todavía excluye a las mujeres de cualquier lugar importante y las usa como personal subalterno. Hace 30 años, cuando empecé a estudiar seriamente a Voltaire, me apenaba que hubiera tenido que dedicar tantos esfuerzos a su combate con la Iglesia; parecía una lucha antigua, ya muy superada. Poco a poco fui descubriendo que no lo era. Es sorprendente que una institución que ha hecho todo lo que hizo la Iglesia de Roma tenga el apoyo que todavía tiene, pero así estamos. Por eso no quería terminar este mensaje nabideño sin citar in extenso a un lector que sí firma con su nombre, un señor Conrado Schwab: “Llega la Navidad y para los judíos como Caparrós es como que salga el sol para Drácula; así las bestias se alteran y sin autocontrol destilan demonio. Tenía yo un compañero de colegio secundario judío que llegaba esta época y pregonaba que Jesús había sido en su momento un hombre como Tu-Sam, vale decir, con poderes hipnóticos y habilidades especiales, pero nada más que eso. Lamentablemente aunque yo quiera, nunca podré ser un buen cristiano porque no puedo poner la otra mejilla para que peguen, ni rezar por los enemigos. Sí en cambio puedo ser como Winston Churchill, quien, refiriéndose a los nazis, dijo: ‘Cuando uno trata con la bestia, uno tiene que devenir en bestia’. Por otra parte, el Talmud enseña que a los enemigos –a diferencia de los Cristianos que rezan por su enemigos– se los debe maldecir y encomendar a los demonios. Así pues en esta Navidad 2008 yo no quiero ya rezar por los destructores de la humanidad. Prefiero maldecirlos, y por eso ardientemente deseo que los ángeles tomen este año a Caparrós y todos los enemigos del Cristianismo y les inyecten el virus o el carcinoma más agónico que Dios haya creado para matar de la manera más agónica a todo aquel blasfemo que maldice a Jesús”. Felicitaciones, señor Conrado: no es fácil representar con semejante precisión una cultura milenaria.

La nabidad-Caparrós

“Usted es terco, mire, vea. Así que usted no termina de convencerse de que si se porta bien y coge mal y va todos los domingos a una iglesia y se confiesa y cumple con sus penitencias después se va a pasar unos milenios en el tiempo compartido Paraíso con angelitos que le toquen el arpa sin cosquillas; no se convence, y sin embargo debe aceptar que en la Argentina no haya aborto legal porque los curas que sí lo creen no quieren esas cosas. O usted, impío, no imagina que, porque Cavallo violó el mandamiento que dice no robarás o su ex jefe Videla el de no matarás, vayan a pasarse los siglos de los siglos quemándose en un asado de sí mismos alimentado por diablitos; no lo imagina, y sin embargo tiene que bancarse que los curas decidan que no se pueden ver ciertas películas. O yo no quiero creer que un bebé nacido hace dos mil y pocos años de una madre virgen en un pesebre palestino caminara sobre las aguas los días que no resucitaba muertos o sacaba peces de la galera, y que después se hiciera matar para salvarnos de la condena eterna, inaugurando una lista interminable de suicidas heroicos que llega hasta los talibanes: me cuesta suponerlo y sin embargo este miércoles voy a cenar con una cantidad de parientes porque la iglesia católica apostólica ha establecido esa costumbre a partir de esas historias increíbles” –escribí hace muchos años en la revista Veintiuno, y todavía no consigo pensar demasiado distinto ni la realidad ha cambiado suficiente como para hacerme cambiar un par de comas. Sigo pensando: que la prueba de la victoria de una idea es que condicione las vidas de los que no creen en ella. Y que si hay algo que triunfó en este mundo, mucho más que cualquier globalización o rocanrol o fútbol pasión de multitudes o mcdonald’s en flor es la iglesia católica y su mitología. La Nabidad es el monumento a ese éxito: el día en todos se lo festejamos y le decimos biba biba. –¡Feliz nabidad, mi querido! –¿Usted quiere decir que el recuerdo del nacimiento de un bebé palestino que quizás haya existido aunque seguro que no como lo cuentan me dé satisfacción, bonanza y regocijo? ¿O que me convenza de que toda esa gente que no soporto, mis vecinos mis compañeros de trabajo mis parientes mis clientes los hinchas de sportivo cambaceres los políticos los patrones los banqueros de últimas son buenos y tengo que quererlos? ¿O que me lance a consumir desesperadamente para tener por unos días la ilusión de que yo también soy uno de esos que hacen esas cosas? ¿O que imagine que a partir de la semana próxima todo cambiará y se abrirá un ciclo distinto en mi vida donde yo voy a ser otro y todo va a ser distinto brillante inmejorable? ¿O que crea en la importancia de la bondad universal porque si no lo llego a creer me voy a quemar para siempre en las llamas del infierno? ¿O que me haga el boludo y me calle y cante con el coro…? Lo dicho: la Nabidad es el tributo que le rendimos cada año a la potencia increíble de una ideología que triunfó. El momento en que todos funcionamos a partir de un conjunto de relatos y pautas de conducta que inventaron unos sacerdotes a lo largo de doscientos o trescientos años hace casi dos mil –y cuyos continuadores civiles y militares supieron imponerlos con la cruz y la espada y algún fuego y la decisión inquebrantable de decidir lo que podíamos y, sobre todo, lo que no podíamos hacer con nuestras vidas. Una cosa sería que los cristianos celebraran su fiesta, como los judíos iom kippur o los musulmanes ramadán. Otra, que todos todos todos sigamos su ritual. Aunque no pensamos en eso cada año, cuando la Nabidad. No hay nada más exitoso que una ideología que ya no parece ni siquiera serlo, sino lo normal, lo ¿natural? Es enternecedor ver cómo y cuánto lo aceptamos, cómo y cuánto lo actuamos: forma parte de nuestras vidas de un modo inseparable, y muchos se ofenderían si les preguntáramos por qué rinden culto, todavía, a un conjunto de mitos palestinos. Así que no lo haremos, y esta noche festejaremos con espuma y pan dulce la constancia de una leyenda antigua. Muy feliz nabidad, salaam aleko –y que el Señor nos coja confesados.

Ultima-Peña

Se acerca el fin del año, ese fin del año marcado por la civilización. El fin del año para que la vida no se nos haga eterna, larga y chiclosa, el fin del año para ordenar un poco en etapas, en épocas, en fechas, en días, en horas todo lo que nos pasa. La vida es como una película en velocidad rápida. Para entenderla hay que detenerla un poco a veces y poner pausa; eso es tomarse unas vacaciones en un lugar desierto, calmo, ponerse en contacto con la naturaleza y con el universo para recuperar fuerzas, para recomponer la cabeza, llenarla de agua, arena, montañas y árboles. También por momentos tenemos que recurrir a la función de cámara lenta para digerirla tranquilos, para no empacharnos con la vida; eso es cuando durante el día parás un poco, te tomás un baño de inmersión, vas al cine a las tres de la tarde un día de semana, te tomás un vinito, te fumás un puchito, o simplemente salís a caminar sin destino fijo y sin tiempos. Pero a veces definitivamente es necesario partirla en porciones, dividirla en partes para no atragantarnos, para no atorarnos. Para eso sirven estas fechas y muchas otras más que van haciendo que la vida se nos presente en pedazos, para que se deje vivir y no nos mate, no nos atropelle con su inmensidad. Es el momento en el que todo el mundo habla de balances, las revistas y los diarios nos aburren y nos aturden con sus publicaciones de lo mejor y lo peor, lo más triste, lo más alegre, la mayor tragedia, el menor logro, el primero, el último, el más vendido, la más santa, la más puta, el más largo, la más corta, el más millonario, la mujer del año, el hombre del año... y no nos olvidemos de la pelotudez del 2 de enero cuando a cada rato nos torturan con el primer bebé del año 2009, el primer muerto, el primer robo, el primer quemado, el primer tuerto, el primer topless o la primera cirugía estética. También es una buena oportunidad para que los que todavía no lograron lo que querían de sus vidas piensen o tengan la ilusión del año que viene... Año nuevo, vida nueva; las resoluciones ridículas que duran lo que un pedo en una canasta, apenas se sostienen unos días y mueren definitivamente en abril. Pero lo que más me sorprende es que hablemos de balances, como si la vida fuera un asiento contable, un libro de entradas y salidas, columnas de débito y crédito. Y tal vez es porque un poco de eso tiene. Es finita, seguro. Se termina... por lo menos acá, la conocida y vivida otra vez por nosotros, sí, se termina. Las fechas, las horas, los días, los minutos, los cumpleaños, los aniversarios, las Pascuas, los 25 de Mayo, los días de..., las navidades y los fines de cada año nos s i r ven par a que nos demos cuenta de que la vida no está quieta, nos acordemos de que el tiempo corre, no sé cuán rápido, pero corre, seguro que corre. Cuántas veces hemos tomado como marcador lo que estábamos haciendo o dónde estábamos en tal o cual de esas fechas importantes, que nos marcan, nos sacuden, nos chasquean los dedos en frente de los ojos como diciéndonos que pasó un año, dos o tres o cuatro... a veces diez. ¿Qué estabas haciendo cuando chocaron los aviones contra las torres? ¿Qué estabas haciendo cuando De la Rúa se escapaba en el helicóptero? Son algunas de las buenas referencias para que te des cuenta de cómo eras, dónde estabas y cuánto tiempo pasó ya. Hay miles de acontecimientos mundiales, de llamadores de atención para que nos demos cuenta de cómo la vida nos pasa, de cómo el tiempo corre, de que somos como artículos de supermercado en la cinta transportadora, esa cinta que corre, corre, sin correr, es imperceptible casi... pero corre, sin prisa pero también sin pausa. La semana pasada fui a tomar algo al piso 48 del hotel Marriot Marquis en Nueva York. El lugar se llama The View. Tiene una de las vistas más impactantes de Manhattan. Llegamos y nos escoltaron a una mesa, nos sentamos y empezamos a tomar tragos... y tomábamos... y tomábamos... y tomábamos... y en eso noté que la vista no era siempr e la misma... al principio pensé que estaba en pedo... y después . . . no... no... no, la vista no era la misma... el lugar estaba girando... era un piso giratorio. Nunca nos habíamos dado cuenta del movimiento, era muy lento... lentísimo... pero giraba... se movía... corría... pasaba... pasábamos... una y otra vez por los mismos lugares... vivíamos... otra vez lo mismo... y oootra vez... y ooootra vez... y se movía... y daba la vuelta lenta... y giraba... y pasaba... y hablábamos. Le pregunté a uno de los mozos cuánto tardaba en dar la vuelta entera y me contestó que una hora... y giraba y hablábamos y giraba y hablábamos y pasaron tres horas. Me di cuenta cuando vi el Empire State por tercera vez... Me desperté, me di cuenta del paso del tiempo, me llamó la atencion, me marcó y sugerí la partida. Tres horas para mí, es mucho tiempo para cualquier cosa... Cuidado con el tiempo, prestale atención, hacé como cuando eras chiquito y tu papá o tu mamá te decían: “Ves esta agujita... bueno, cuando llegue acá van a ser las doce”. No sé cuántos años nuevos me quedan y vos tampoco sabés cuántos te quedan. Me es difícil definir si estas fechas son tontas o si los tontos somos nosotros, que en cierta forma necesitamos de ellas para despertar, para tomar conciencia del tiempo, de los balances, del qué hice, del dónde estaba ciando, de cuánto tiempo ya pasó... del primero, del último, del mejor, del peor, etcétera. Pero por suerte estas fechas tontas, si se quieren, nos recuerdan indefectiblemente y a pesar de nuestras defensas que lentamente la vida va girando, como el piso 48 del Marriot... Podés intelectualizar el año nuevo, hacerlo cool, cagarte en las fechas... pero hasta mientras le quitas importancia al paso del año y de las fechas, la vida va pasando... y vendrá otro Día del Padre... aunque no contemos con vos, o conmigo. Hace muchos años, cuando practicaba gimnasia artística en el colegio con el profesor Guillermo Spikerman, no lograba hacer un buen flip flap, y no me salía, y no me salía, de pronto sonó el timbre y se acabó la clase. Me acerqué a Spikerman y le dije que me dejara intentar la última. La hice... y no me salió. Tampoco. Spikerman se me acercó y, mirándome fijo, me dijo: “En esto nunca digas la última porque un día puede ser la última...”. Me quedo para siempre. Pero a veces hay últimas, porque más allá de que sea una frase hecha, el tiempo pasa y ésta es la última... Espero haberlos hecho rabiar, emocionar, divertir y hasta aburrir porque de eso se trata todo... Señores, si tenemos la suerte de estar vivos les digo hasta el año que viene... Adiós.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Los organizadores del olvido-Gelman

Soy padre de un hijo de 20 años secuestrado, torturado, asesinado en 1976 por la más reciente dictadura militar argentina, que también desapareció sus restos. Fueron hallados, gracias a la infatigable labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, 13 años después. Soy suegro de su esposa, secuestrada cuando tenía 19 años, trasladada de Buenos Aires a Montevideo encinta de ocho meses y medio y asesinada por la dictadura militar uruguaya dos meses después de dar a luz. Sigue desaparecida y su hija fue entregada a un policía de matrimonio estéril. Soy abuelo de una nieta de la que me robaron sus primeros 23 años de vida y que mi mujer, Mara La Madrid, que no es la madre de mis hijos, y yo buscamos y encontramos al cabo de una larga investigación. Nada de esto hubiera sido posible sin el testimonio oral de sobrevivientes uruguayos y argentinos, sin expedientes judiciales y aun militares, sin ese archivo tan particular que es el banco de datos sanguíneos de familiares de desaparecidos del Hospital Durand de Buenos Aires, sin una campaña internacional de denuncia que tuvo la solidaridad de decenas de miles de poetas, escritores, artistas y gente de a pie de 122 países, sin libros, sin documentos, sin Internet, sin videos y, sobre todo, sin la voluntad imperiosa de encontrar la verdad.Hablo desde la experiencia argentina. ¿Por dónde empezar? ¿Por la madre de un desaparecido que año tras año y día tras día arreglaba el cuarto de su hijo y a la noche le preparaba la sopa que él solía tomar al regreso del trabajo? La sopa se enfriaba en la mesa sin remedio. ¿Por el sueño de la hija de una desaparecida? Este sueño: "Mamá vive en el departamento de la calle 47. Voy a visitarla. Tengo miedo de que me abrace y al hacerlo se convierta en fantasma". Ha pasado mucho tiempo desde la de-saparición de ese hijo y de esa madre, pero no hay final del duelo todavía. No lo habrá mientras no se encuentren sus restos y descansen en un lugar de recuerdo y homenaje. No lo habrá mientras esa madre y esa hija no sepan toda la verdad sobre su sufrimiento. No lo habrá mientras esa verdad no conduzca a la Justicia.El infierno no termina cuando se cierran las puertas del campo de concentración y los hornos se apagan: hace un cuarto de siglo que cesó el infierno militar en la Argentina y centenares de miles de personas –hijos, padres, hermanos, familiares, amigos de los desaparecidos– viven esa segunda parte del infierno que crepita en la memoria y no hay modo de apagar. "Desde entonces, a una hora incierta/esa agonía vuelve/y hasta que mi cuento espantoso sea contado/mi corazón sigue quemándose en mí", dice el viejo marinero de un poema de Coleridge que recordó Primo Levi. Para muchos argentinos, uruguayos, chilenos, centroamericanos y nacionales de tantas otras latitudes del mundo esa estrofa poética es vida real y quema cada día."En nuestro país el olvido corre más ligero que la Historia", dijo el escritor Adolfo Bioy Casares. Pues no sólo en la Argentina. Desaparecen los dictadores de la escena y aparecen inmediatamente los organizadores del olvido. "¿Para qué renovar las penas? –dice Ismene a Edipo–. El dolor se sufre al recibir las penas y se vuelve a sufrir al recordarlas." El Día de Muertos, el pueblo mexicano acude a los cementerios, se sienta alrededor de sus difuntos, toca la guitarra y les canta, les pide que sigan muriendo en paz y que dejen en paz a los vivos para que los recuerden sin terrores. Pero los familiares de los desaparecidos no tienen dónde hablarles y ellos son fantasmas inciertos que vuelven a doler en la memoria."Los padres quedaron sin hijos y no terminan sus quejas. Conocen al fin cuál es el dolor total sin remedio", dice Esquilo. ¿Cada recuerdo trae un dolor que se amontona, capa sobre capa, y se convierte en una geología del dolor? ¿Es posible dialogar con el dolor, fingir que tiene rostro y que no es una potencia que viene y va y protesta contra la muerte del ser querido y le da cuerpo y la afirma negándola? ¿La locura sería la última puerta del dolor, una manera de convertirse en dolor para no padecerlo y desaparecer en el dolor? ¿No será ésa una forma de fundirse con la víctima y así morir con ella? Los familiares de los desaparecidos están en otro lugar. "Un loco, solamente un loco que perdió la mente olvidar puede la muerte de su padre", dice Electra. O la muerte de un hijo. No es ésa la locura de los familiares: su única "locura" consiste en exigir verdad para las víctimas y justicia para los victimarios. Es un camino lleno de obstáculos con los que se tropieza día a día. Los comisarios del olvido tienen recursos y conocen su trabajo.Un pacto de silencio sella la boca de los militares argentinos, con pocas excepciones. Cuando sus camaradas conocen que alguno está dispuesto a hablar, lo callan con una buena dosis de cianuro: le ocurrió al prefecto naval Héctor Febres, a punto de ser condenado por los crímenes que cometió durante la dictadura militar. O desaparecen a testigos importantes de los juicios por delitos de lesa humanidad, como desaparecieron a Julio López, para agitar el miedo en las víctimas testimoniantes. La policía facilita la huida del represor atrapado o quema archivos de sus operaciones. La jerarquía de la Iglesia Católica argentina que, a diferencia de la chilena, santificó la matanza –un obispo del Vicariato llegó a decir "cuando hay derramamiento de sangre, hay redención"–, la jerarquía de la Iglesia Católica argentina, que ordenó tranquilizar a militares desasosegados porque venían de tirar prisioneros vivos al océano, se niega a abrir sus muy prolijos archivos de la época, que permitirían recuperar al menos los restos de numerosos desaparecidos.Ciertos jueces, ciertos fiscales y ciertas instancias judiciales como la Corte de Casación argentina encajonan procesos contra los represores, quienes pueden quedar en libertad por la falta de sentencia. Y lo peor, verdaderamente lo peor, es la perversión que mancha a sectores políticos y sociales que, de un modo o de otro, por acción o por omisión, fueron cómplices de la matanza y callan lo que saben y niegan al Otro lo que saben. Y luego, por qué omitirlo, la actitud pasiva de ciertos familiares que, ante todo por falta de medios, y luego por desánimo, cansancio, resignación, desesperanza o temor, todavía temor, depositan su no hacer en los organismos de derechos humanos. Y también, por qué omitirlo, ciertos organismos argentinos de derechos humanos que burocratizan el dolor o militan contra la búsqueda de los restos de los desaparecidos "para que sigan con sus compañeritos". Así hacen tabla rasa de la historia personal de las víctimas y del lugar que ocuparon en la historia. Es la continuidad civil, bajo otras formas, del pensamiento militar.La voluntad de corregir la memoria, como es notorio, viene de muy lejos. En el siglo V antes de Cristo, la sangrienta oligarquía de los Treinta prohibió en Atenas por decreto recordar la derrota militar que le infligiera Esparta. Cada ciudadano fue obligado a pronunciar el juramento "No recordaré las desgracias". Pasan los siglos y los vencedores siguen reorganizando el pasado a voluntad. En el año de gracia de 1040 el monje Arnold von Saint Emmeram explicaba así el método que había elegido para escribir la historia del ducado de Baviera: "No sólo es pertinente que las nuevas cosas modifiquen las viejas; también es correcto, si las viejas son desordenadas, el de-secharlas por completo, e incluso, aunque estén bien ordenadas pero sean poco útiles, el enterrarlas con reverencia". La voz de los vencidos es "desordenada y poco útil" en los manuales de historia al uso, cuyo marco de referencia esencial es el Estado. Numerosas víctimas de crímenes contra la humanidad fueron y son carne de olvido, "ese acuerdo con aquello que se oculta", al decir de Blanchot. Los que falsifican la historia así, falsifican la vida y están presentes y activas las antiguas herencias de nuestra tan moderna, o posmoderna, civilización occidental, en la que los extraordinarios avances tecnológicos conviven o malviven codo a codo con genocidios nunca vistos.Proliferan las teorías sobre la historia como relato y otras sobre todo lo contrario. De lo primero hay pruebas más que suficientes, algunas francamente ridículas. La historia del Partido Comunista soviético ha sufrido continuos liftings con el correr del tiempo y se convirtió en un acto de predicción del pasado. Es famosa la fotografía del estado mayor bolchevique tomada días después del triunfo de la Revolución Rusa, con Lenin en el centro, a su derecha una escalera y luego Stalin. El lugar de la escalera lo ocupaba Trotski, excomulgado por el Termidor stalinista. El acto tiene pretensiones mágicas y la voluntad de abolir la historia. De ahí la importancia fundamental de los archivos de la memoria. De ahí la importancia fundamental de esta reunión. La pretensión de mutilar la memoria cívica de todos los días corrompe su salud y despeja el camino a nuevos autoritarismos.El imperativo moral de la memoria colectiva tiene hoy más urgencia que nunca y no faltaron en la Argentina y en otros países quienes entendieron esto muy temprano y crearon y ordenaron personalmente, sin apoyo oficial alguno y movidos por su moral ciudadana, informaciones utilísimas que se pueden ver por Internet. Estos archivos contribuyen a deshacer las artimañas de los asesinos de la memoria, como ésas que pretenden que no hubo cámaras de gas y que el primer pueblo ocupado por el nazismo fue el pueblo alemán. Si queremos que la barbarie no se repita y pase al reino del nunca más, no deberían, creo, ser archivos mudos para la sociedad civil y viceversa: habría que acercar sus contenidos a sectores sociales y políticos en los que hay no poco a despejar todavía.¿Y se podrá alguna vez despejar mentes en el estamento militar para que obedezcan a lo ético y opongan la desobediencia debida a órdenes criminales? El capitán de navío Juan Carlos Rolón, miembro de un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada de Buenos Aires donde la marina desapareció a 5000 personas, declaró impávido: "Nos enseñaron que la tortura era una forma moral de combatir al enemigo". Se recuerda el diálogo que Hannah Arendt sostuvo con un oficial nazi que admitió haber gaseado y enterrado a prisioneros con vida en el campo de concentración de Maidanek. La pregunta de la filósofa: "¿Se da cuenta de que los rusos lo van a colgar!". La respuesta del nazi: "¿Por qué? ¿Yo qué hice?".Las dictaduras suprimen el testimonio de las víctimas, pero llevan sus propios archivos. En Auschwitz hay gruesos volúmenes que registran la muerte de los prisioneros gaseados. En la primera columna de cada página figuran el nombre, la edad y la nacionalidad de la víctima; en las dos restantes, hora y causa de la muerte. La hora es la misma a lo largo de páginas enteras, las 8.15, o las 8.30 o las 9.00 de la mañana. También se repite la causa de la muerte, "influenza" casi siempre. Este no es sólo un acto burocrático; sustituye la vida por una mentira de papel y muestra abismos de la condición humana. Se impone abrir esa clase de archivos. Pero ésta es una decisión de Estado y, lamentablemente, todavía hay gobiernos democráticos que no se atreven a disponer que se dé ese paso indispensable. Los familiares de los desaparecidos sólo conocen la dolorosa mitad del crimen. La otra yace oculta, custodiada por centinelas militares, policiales, eclesiásticos. Jacques Derrida habló del "mal de archivo", pero ésos son los archivos del mal.Que se me perdone la insistencia en subrayar la importancia de los testimonios orales, vehículos de una memoria que en ocasiones se transmite de generación en generación. Frente a Panamá –narra el periodista José María Pasquini Durán– hay una isla llamada San Blas en la que vive una etnia indígena. Una vez al año todos se reúnen y los ancianos cuentan a los jóvenes la historia de la etnia, que arranca del casamiento del Sol con la Luna, para que su memoria perdure. Los jóvenes comenzaron a emigrar y a quedarse en Panamá, pero mandan grabadoras a la isla para registrar el relato de los ancianos. Ahora la maravillosa historia que comienza con el Sol y la Luna está en casete y los jóvenes lo tienen en su casa entre los discos más recientes de pop norteamericano. Menciono esto porque en muchas sociedades del mundo no hay casete todavía.En el año 1987 seguía yo exiliado en Francia y el diario recién nacido entonces para el que trabajo, Página/12, me pidió que cubriera el proceso a Klaus Barbie, el ex jefe de la Gestapo en Lyon, bautizado "El carnicero". A una víctima que le detallaba sus crímenes, Barbie dijo: "Yo no me acuerdo de nada. Si se acuerdan ustedes, el problema es de ustedes". Efectivamente: recordar y denunciar los crímenes contra la humanidad y exigir su castigo es un problema nuestro.

martes, 23 de diciembre de 2008

Sobremesa

La mesa mostraba los restos de la cena y por encima comenzaba con frases hechas la batalla de sordos que se transformaba en gritos y cada uno escuchaba lo que quería que el otro comprendiese.
La discusión de sobremesa muere entre cafés y bromas, y aunque no de todas formas todos saben que no cambiaran (en ese lugar) el mundo (quizás algún joven crea que sí)(con razón) y el aire familiar aplaca el intento de imponer frases hechas.
En otro lugar, los generales sordos entenderán rápidamente que la única solución para lograr su ideal prefabricado es matar (o, bondadosamente, someter) al otro.
Quizás sordo sea solo el que no aprendió a escuchar…
Si todos aprendiéramos a escuchar en las sobremesas…

*Joven, como decía el nick de una amiga, es el que tiene más ilusiones que recuerdos.

Contigo soledad...

¿Cómo estás, soledad? Aún callas como lo hacías ayer, pero ahora es tu silencio todo lo que escucho. ¿Es solo mi mente la que ve todo esto que fui? Imágenes que se superponen, y todo lo que me hizo vivir esta acá, ahora, pero en el fondo mis ojos siguen viendo lo que los demás ven: la realidad. Una realidad.
Una música tenue me envuelve, caen los párpados, y estoy ya a miles de segundos de distancia, y otra vez estamos los dos, vos y yo soledad, pero estoy por hablar, me hablan, hola amigo, hola vida.
¿Dónde estoy, soledad? ¿Siempre estuviste conmigo? Debería haber aprendido a escuchar tus silencios mucho antes, cuando la muerte no desaparecía en mí al darme un abrazo; cuando creía entenderlos… pero nunca me entendí a mí.
Quizás somos los mismos, vos y yo, y todos estos momentos. Somos (ser) uno perdido en miles de realidades, y tiempos y espacios, y sueños, y una vida es uno, y miles de vidas ahora laten por todos lados.
Y yo recién lo descubro.
Yo (todo yo) dispuesto a seguir…

Fútbol..

Si no fueron hinchas de Tigre por un segundo, no les gusta el fútbol..

lunes, 22 de diciembre de 2008

La argentina vip-La peleadora

Esa vocación por el patriotismo cholulo que tienen los medios argentinos me enferma la cabeza.¿A mí qué me importa si la saltadora con garrocha rumana tuvo un romance con un argentino? ¿O qué clase de enfoque ridículo y egoísta es avisar que no había nadie de este país en el avión que se estrelló de Spanair? ¡”La argentina que se casó con Matt Damon” fue mamá otra vez! ¡Robert Duvall se casó con una argentina! ¡Los argentinos que sobrevivieron al tsnunami! ¡O peor todavía! ¡Habla en vivo y en directo el argentino que vio la caída de las torres gemelas!
Digo yo ¿Son infradotados? ¿Qué diferencia hay entre el miedo de un argentino y el de un uruguayo? Una cosa es que nos interese que un argentino gane una medalla en ciclismo, porque los deportistas olímpicos, son, de alguna forma, una suerte de gladiadores modernos que defienden el virtuosismo de cada pueblo. ¿Pero por qué me importaría más que se ahogue un argentino que un holandés? Para alguien que vive en Capital Federal, la gente que vive en La Quiaca es igual a la que vive en Holanda. Igual de lejana. Igual de desconocida. E igual de humana.