jueves, 8 de noviembre de 2007

Margen bruto

El otro día vino mi tío, ése que se fue a vivir a Israel. Nos viene a visitar cada tanto, cuando puede, cuando la plata, la familia, el trabajo, la salud, el mundo y las complicaciones de la sociedad se lo permiten. Y el otro día, fue uno de esos días. Aunque creo dije que viene a visitarnos, y tal vez, tal vez no sea a nosotros a quien busca en este pago, para ponerle un toque agrario. Tal vez cuando viene acá, viene a buscar aquello que alguna vez fue, esa parte de su vida que cambió por otra, quiza mejor, probablemente mejor, aunque eso no quita lo bueno de ésta que ya no es. Mi tío tuvo un sueño, él soñó con un país nuevo, con el estado de los judíos, soño con luchar por sus intereses en una tierra lejana que no lo vio nacer, sino al contrario, una tierra de la que él, junto a miles de sionistas, es el padre. El tuvo ese sueño, y lo cumplió, y aún lo cumple. Y es su mayor felicidad. Pero hay algo en los sueños que destruyen su aparente perfección. Hay un detalle de los sueños cuando comienzan a ser realidad que a veces no se considera, solo se comprenden en ciertos momentos, cuando se busca lo que uno alguna vez fue. A veces, para cumplir tus sueños debes dejar todo eso que fuistes hasta el momento, dejarlo atrás y no intentar mirarlo, no, porque al hacerlo probablemente no tengas el valor de seguir. Para cumplir tus sueños, a veces, debes olvidar lo que muchas veces te dio felicidad, lo que por mucho tiempo fue tu única vida, debes saber que tu decisión es la mejor, aunque tenga tantas cosas que te puedan hacer pensar que no. Cuando mi tío vuelve a este pueblo, donde tuvo sus primeros amigos, recorre esa plaza donde aprendió a patear una pelota por primera vez, ve como su pueblo dejo de ser su pueblo, escucha hablar lo mismo que él antes hablaba, solo que ahora ya no lo escucha como perteneciendo, él se da cuenta que ahora habla desde afuera, y lo siente... eso se siente. Él no es el mismo, pero el pueblo ya tampoco lo es. Su escuela sigue siendo la misma escuela, pero ¿donde están sus compañeros de aventuras?¿Cuándo desaparecieron las marcas que él dejo, cómo es que ya no reconoce nada, cómo es que el ayer, que hasta ese momento parecía el hoy, se borró y está tan lejano? Las calles ya no son las mismas, porque todo cambió tanto, aunque nadie de adentro se dio cuenta. Los fantasmas de un hermoso pasado aún corren y gritan y le dicen "ésta fue tu vida" y como le gustaba a él su vida. Pero ¿dónde la perdió? Su vida no esta en las casas nuevas, ni siquiera la encuentra en las calles que siempre solía recorrer. Las calles están vacías, porque ahora no las logra entender. Sus amigos ahora son también otros, porque seguramente él es otro. Puede hablar con ellos, pero no volverá a decir lo que antes les decía, olvidó cómo es que pasaban horas charlando, aunque recuerde todas las conversaciones. Todo cambió, o solo él cambió, desde afuera todo parece tan igual, pero sin embargo tan lejano, se siente tan apartado, se siente que ya no es el que estaba ahi como el resto, se puede meter todo lo que quiera pero ya no lo puede entender, no se acuerda como era él antes de pasar, vaya a saber uno de que forma, a ser de afuera. Y este es el precio que te hace pagar la vida por tus sueños... no es lo que estos cuestan, eso lo compensa con las pequeñas alegrías que acompañan a la tristeza, con las lecciones de los momentos vividos. El verdadero precio es dejar atrás algo y ya no poder tal vez volver a entrar, sino convertirse en un espectador triste que trata de alegrarse y casi lo consigue viendo lo que dejo de ser en esos momentos en los que comprende los detalles de los sueños. El detalle de darse cuenta, a veces, en algunos momentos, de que ya no pertenece a lo que pertenecía, ni es lo que alguna vez fue, que dejo de ser ése que creía ser, y lo duro que suele ser eso. Pero después pasa, el remedio de la vida que es el tiempo, enfría las cosas, aleja las cosas, no las cura, pero trata de hacerte olvidar, de reemplazar de a poco el sentir por el pensar, y así poder ver, al levantar la vista y quitar los recuerdos de tu mente, que tu sueño sigue siendo tu sueño, que lo mejor es soñar y que el precio alto lo vale el producto, que en realidad, la mejor vida resulta de que le hagas caso a tus sueños y a tu corazón, por más que lo que tengas que dejar sea también tan bueno. Y si me vuelvo a preguntar qué es lo que pasa cuando mis sueños no concuerdan con mi vida, cuando tema volar por miedo a dejar el nido que siempre ame, podré responderme que el nido fue una gran parte de mi vida, pero que dejará de serlo si me quedo allí. No tiene sentido aferrarse a lo que ya terminó, no tiene sentido porque dejará de ser lo que tanto quisimos y olvidaremos lo hermoso que fue. Sal a volar, antes de que sea tarde, y comiences a darte cuenta que por más que te quedes en el nido, este tampoco seguirá siendo el mismo de antes y comiences a verlo con otros ojos y lo que es ocupe el lugar de lo que fue y te quedes sin saber que hubiera sido si te hubieras decidido a volar. Entonces vuela, vuela alto, que el nido fue hermoso... pero no olvides que solo nido fue.

1 comentario:

Any* dijo...

Leí todo, pero no tengo ganas de escribir acá lo que pienso.


Cuando te conectes lo charlamos (:


Muahhh!